Para empezar el Año

¿Qué hace cuando lo que la Biblia dice es contrario a lo que usted está viviendo?

Quiero comenzar haciendo una pregunta para que se ponga a meditar en algo. Cuando usted toma su Biblia, decide leerla, empieza a encontrar versículos que son promesas de Dios, que son cosas que El ha dejado escritas para que las vivamos, pero ¿qué hace cuando lo que la Biblia dice es contrario a lo que usted está viviendo? Por ejemplo, hay personas que leen que no debemos ser de los que piden prestado, sino de los que dan, pero, lamentablemente, a usted le toca pedir prestado porque no tiene para pagar el alquiler, para comprar regalos o porque no le alcanzó para comprar tamales. ¿Qué hace cuando las cosas que vive son contrarias a lo que aquí dice? ¿Qué hace si hay una persona enferma, pero en la Biblia dice que por su llaga somos sanados? ¿Qué hace si ve a una persona esclavizada a un vicio, y aquí dice que si el Hijo nos libertare, seremos verdaderamente libres? ¿Qué hacemos cuando nos enfrentamos a una Palabra y a una circunstancia que es contraria a esa promesa? Usted está en medio, y decide qué camino seguir. Aquí está hablando Dios, pero las circunstancias también dicen algo. ¿Qué hace? Hay personas que lo leen, lo creen por un tiempo y luego ya no, porque las circunstancias siguieron igual. Otras conocen bien la Biblia, pero esos versículos no han llegado a formar parte de su vida. Hay otro tipo de personas que es donde quiero que todos estemos; a las que les toca enfrentar circunstancias adversas a su alrededor, encuentran adversidad, obstáculos, pero deciden encontrar en la Biblia la respuesta a su situación y aferrarse a lo que Dios dice en esa Palabra, momento a momento hasta que lo que ahí dice, se cumpla.

Se debe cumplir en su vida lo que en la Biblia dice, pero nos encontramos en momentos donde lo que aquí dice no concuerda con lo que estamos viviendo. Hay momentos difíciles, tensos; a algunos hasta los enferman, pero son momentos para enfrentar y pelear. Hay personas que se deprimen, se abandonan en su pensamiento, no pasan de ahí. Pero hay otras que dicen: “Yo no voy a conformarme a vivir así, porque aquí dice una cosa distinta. Así es que debo de pelear, ser la persona que haga que esta bendita Palabra de Dios se cumpla, y no descansaré hasta que así suceda. ¿Sabe por qué hago esa pregunta, y me gusta que usted responda a eso? Porque de este lado se percibe cuando la gente está diciendo esa Palabra con la fe que lleva dentro.

No es una manipulación, es la intención que salga de usted esa convicción que lleva dentro de que lo que ahí dice, se cumpla. ¿Sabe qué estamos generando hoy? Que Dios nos oiga. Lo que hoy vamos a hablar, sí me interesa que Dios lo oiga. ¿Será que El oye? Ahora la pregunta es: ¿Será que Dios lo oye? Hay personas que cuando lo dicen, todavía dudan, porque hay oraciones que al día de hoy, no han sido respondidas, pero no es que El no lo haya oído o no vaya a responder. Nos vamos a unir para que de este lugar salga un aroma de fe que llame la atención de Dios, y usted pueda decir: “Dios me oyó”. ¿Qué hace cuando la Biblia le habla? Cuando llega a su mente, a su espíritu, a su corazón, ¿qué provoca en usted? Ya Dios le habló, pero no pasa nada; hay que negarse a vivir de la misma manera y pelear en el espíritu con todas las fuerzas hasta que ese versículo se cumpla. Hay gente que se abandonó en su enfermedad y no hay versículo capaz de sacarlo de ahí. Hay otros que se dejaron atar de tal manera que no hay libertad que los pueda hacer libres, porque no se dejan, no les interesa, o están conformes de vivir de esa manera.

Voy hablarle de tres personas; a una de ellas, la vi en una película. Ahí aparece un hombre con temores, inseguro, con un problema físico, y así lo escogió Dios y lo llamó. Y cuando lo hace, le pide algo. El nos pide que hagamos cosas, simplemente quiere que lo hagamos, no se fija en  nuestras limitaciones. Lo llamó, le puso una misión y empezó a manifestarse el poder de Dios a través de él. Logra dirigir a un grupo de personas y los saca de Egipto, van por el desierto y, de repente, ven que hay una nube que los cubre, que empieza a caer pan de cielo cuando tienen hambre, y que de noche había una columna de fuego que los guiaba. Pero el momento más difícil fue cuando van saliendo de Egipto y su camino se acaba, se encuentra frente al mar. Y empezó a pensar que quizás se había equivocado, que ese no era el camino a seguir. Pero no era eso, iba bien.

El problema fue que este hombre se subió a una montaña y empezó a ver que venían caballos, una fila enorme de gente a caballo que venía tras de ellos, eran sus enemigos. Esos hombres estaban en medio de un ejército de malvados y de un mar que no los dejaba seguir. Ellos pensaban en regresar, entregarse y volver a Egipto; le decían: “Te equivocaste, ese tu Dios nos trajo aquí para que muramos, te equivocaste tú y Él”. ¿Qué hacía este hombre ahí? Y usted ha estado en ese punto, donde ya no puede seguir y lo vienen siguiendo las circunstancias, los problemas. Hay  momentos en la vida que son el escenario perfecto para que el poder de Dios se manifieste sobre su vida, porque es lo único que queda, esperar. No hay otra. Le tiemblan las piernas, no sabe cómo reaccionar, ¿qué hace en ese momento? Lo único que queda es mirar al cielo de donde viene su socorro y ahí está el Dios todopoderoso que le va a responder. Su Dios es raro, es extraño. Dios hubiera podido  mandar un rayo y se queman todos los soldados del Faraón; o hubiera podido hacer que los caballos se vuelvan locos y que se regresaran. Pero Dios no hizo eso, sino que le dice a Moisés: “Levanta tu vara, extiéndela”. Y empieza el mar a moverse a tal punto, que se abre y empiezan a caminar ellos en medio para poder pasar. Hay gente que dice que son historias que están en la Biblia, y alguien las exageró, porque es imposible que un mar se pueda abrir, que las aguas se separen. Usted y yo creemos en un libro que lo que ahí dice, así fue. Le hago una pregunta: ¿Moisés tenía Biblia? Dios abrió el mar hasta que Moisés extendió su mano. El hombre y Dios trabajan juntos. Moisés conoció a Dios cara a cara, no hubo una referencia bíblica, no había un documento que dijera cómo era Dios.

Siguiente historia: II Reyes 20:1-6

Un hombre a punto de morir a causa de una enfermedad,  llegó delante de Dios, clamó y Dios lo oyó. El le dice: “Te voy a sanar, te extiendo la vida quince años”. Ese es un regalo. Luego le dice: “Voy a liberar al pueblo,” otro regalo. Viene el rey y dice: “Pero, ¿qué señal tendré de eso?”. Entonces, le pregunta al rey: “¿Qué es más fácil, que la sombra se adelante o que retroceda?”. A lo que responde: “Que retroceda”. Le dice: “Pues va a retroceder diez grados”. ¿Qué hace Dios dándole una señal al rey? El quería señal, y la recibió. Y dice que se declinó la sombra diez grados. Eso que le estoy hablando, científicamente, ya está comprobado en la NASA. Estaban haciendo unos cálculos para el lanzamiento de una nave espacial y había dos desfases. Y uno de los de la NASA dijo: “Fíjense que yo me acuerdo que en la escuela dominical me enseñaron una historia rara, difícil de creer donde hubo un momento en que Dios a causa de un hombre, retrocedió el tiempo diez grados”.

Hay otra historia en Josué 10:12-15

Otra vez, ese mismo Dios vuelve a aparecer ahí. Hubo un hombre que clamó y dijo: “Señor, tienes que detener el tiempo para poder ganar esta batalla”. Y encontraron en la Biblia el margen que hacía falta para que el cálculo de la NASA fuera perfecto. Está comprobado que esos dos desfases existen, porque dos hombres le creyeron a Dios que era capaz de hacer todo lo posible para que recibieran lo que esperaban. El mensaje es este: Dios le manda a decir algo a través de esas tres historias. El dice: “Estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para que tú recibas tu milagro. Si es necesario parar el día o extenderlo;  lo que sea porque estoy aquí para responder a tu fe”.

¿Cómo es posible que exista ese momento en la Biblia donde Dios detiene el sol para darle una señal a un hombre? “¿Qué quieren que yo haga?”, dice Dios. ¿Que pare el tiempo, el sol? El está dispuesto a mover la galaxia entera a causa de un hombre o una mujer para que reciban su milagro. Pero, ¿dónde está ese Dios capaz de mover lo que sea por un hijo que le cree? ¿Será que a Dios se le cansó la mano de tantos milagros que tiene que hacer? ¿O será que Dios está aquí en este lugar, el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob? ¿Qué quiero que Dios haga este año? Si es necesario mover el cielo, lo va hacer. El está dispuesto a hacer lo sea por usted. Es una locura parar el tiempo, retrocederlo. Ahora entiendo por qué Jesús cuando iba en la barca, se durmió. Los apóstoles les decían que cómo podía dormirse si se estaban hundiendo. Jesús dijo: “¿Hasta cuándo tengo que soportar? Si tan sólo creyeran”. Y le habló a la lluvia y al mar. Pero eso les tocaba a ellos, porque el milagro lo llevamos dentro; Él hará tanto como tú creas. ¿Qué esperas para el próximo año? ¿Vivir igual? El que espera eso, eso le va a pasar. Pero si en este lugar hay hombres y  mujeres que ya se cansaron de vivir así, y no concuerda con lo que dice la Biblia, si ahí lo dice, Dios lo hará. Yo creo en un Dios que hace cosas raras.

Antes de trabajar en la iglesia tiempo completo, trabajé en un banco; me pusieron tres apodos por ser cristiano. Todas las mañanas, no en hora de trabajo, sino antes, me sentaba en mi cubículo y doblaba mis rodillas, empezaba a orar, a interceder por ellos, a pedir misericordia y a invocar la presencia de Dios en ese lugar. Estando un momento así, donde estaba hablando cara a cara con Dios, me tocaron la puerta, y cuando abrí, había una mujer, se me quedó viendo y me dijo: -¿Qué está haciendo?-.  -¿Por qué? -le pregunté. -Porque yo iba caminando en el corredor y cuando pasé por esta puerta, se me aguadaron las piernas y me iba a caer al suelo-. Le dije: -Estoy orando, Dios está aquí porque quiere entrar a su corazón, darle vida eterna, y ese poder que sintió en su cuerpo es la manifestación del Dios Todopoderoso, que mueve la tierra y el sol cuando una mujer le cree-. La segunda vez, ella estaba afuera y la encontré sentada en un banco. Me acerqué y le pregunté si le pasaba algo. Se levantó como mareada y me pregunto si yo estaba orando otra vez.

¡Comienza el año nuevo hoy, recibe tu milagro! Podemos hacer que el cielo se mueva. ¿Qué señal quiere? El ya lo dio todo, ya se entregó por completo. Dios es un dios de todo. Cuando yo encontré estas historias, Dios me hizo entender que está dispuesto a hacer lo que sea, a mover lo que sea, por un hijo que le cree con todas sus fuerzas y que se niega a vivir de la manera que no está escrito. Esa Palabra de Dios se debe de cumplir en mi vida, y si aquí dice que soy de los que da y no de los que pide prestado, me niego a vivir de otra forma. Si aquí dice que soy sano, me niego a vivir de otra forma. ¿Cuánto cree que Dios puede hacer por usted? ¿Cuánto está dispuesto a mover por usted, por esa fe que lleva dentro? ¿Qué quiere que haga Dios? ¿Que detenga el tiempo? ¿Que mueva el mar? Lo hará. Así es ese Dios en el que creemos y está aquí por causa suya, porque sabía que usted iba a venir el día de hoy. Así comienza este año, con lo que usted cree que hará. El año nuevo comienza ahora.

Levante las manos al cielo y saque el milagro que quiere. Dígale cuánto cree. Usted está en esa montaña, o el mar se abre o se abre, porque si no, se muere. Está frente a esa enfermedad, y se quita o se muere. Esta frente a la adversidad, o le ordena que se vaya o vivirá así toda su vida.






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